Túnel del tiempo, primera parada, 2013. Nos convertimos en papá y mamá de un perro adoptado y poco a poco, a través de las redes sociales, empezamos a conocer la realidad de los perros en España y especialmente, de los perros de caza. Miles y miles de casos de abandono y maltrato.

 

2015. Empezábamos a dibujar la idea de nuestro proyecto, sin saber muy bien cómo materializarlo. Teníamos claro que era necesario generar un cambio de conciencia, pero para ello la población debía conocer la situación, y qué mejor manera de transmitir conocimiento que mediante imágenes de podencos y galgos. Nos movía la idea del autoempleo para beneficiar una causa y definimos el objetivo de ayudar a asociaciones de defensa animal, siempre tan escasas de recursos.

Comenzamos a construir nuestra propia máquina de serigrafía, con madera reciclada, mucha energía y muchas horas de dedicación que compensaran la falta de inversión.

 

2016. Nos vimos obligados a cambiar de vivienda y población. El traslado nos llevó a redefinir el proceso productivo, construir la máquina y el taller de estampación 2.0. En paralelo, nos convertimos en casa de acogida. No nos engañemos, aquí estuvimos a punto de guardar la idea y la ilusión en un cajón por la falta de presupuesto.

 

2017. 6 perros en casa, 2 gatos e INSTAGRAM. Seguimos a Ladridos Felices y entonces rescatan a Petra. No es un podenco ni un galgo, pero su historia nos reengancha con el sentido inicial de The Dog and the Whale, dar a conocer la situación de abandono y maltrato que sufren los animales para movilizar un cambio de conciencia que rompa con la pasividad. Petra nos recuerda que no podemos perder ni un segundo más, porque la causa es más grande que una ballena. 

 

Gracias a nuestros amig@s Helga, Fiona, Alberto B y Alberto G, por creer en The Dog and the Whale y ayudarnos a convertirlo en una realidad.

Author bettina

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