Tiempo atrás, las grandes marcas tomaron una decisión que determinó y perjudicó gravemente el futuro de la población mundial, la flora y la fauna del planeta. Su resolución se resume en vender mucho a un precio muy bajo. Por supuesto, todo a costa de la salud de las personas que, lejos de aquí, fabrican sus productos. Los consumidores, es decir, todos nosotros, nos tapamos los ojos y compramos, asumiendo un papel de cómplices.

 

Pero es que en esta rueda de consumismo, además de corresponsables, somos pobres. La mayoría se rinde al régimen de esclavitud moderna, no solo los que trabajan en el sudeste asiático para las grandes marcas, sino tú, yo, y todos los que leerán este post. Alquileres desorbitados, pagar a plazos, facturas de luz, agua y gas que nos ahogan a fin de mes… Con lo poco que nos queda, ¿qué compramos? Productos a bajo coste de tiendas cuyos empleados malviven con salarios precarios. “Oh qué barato”, pensamos mientras los ojos nos hacen chiribitas.

 

Adquirimos productos de manera habitual y sin tomar conciencia de la huella que dejan los procesos de fabricación y distribución, sin cuestionarnos siquiera por qué es tan barato. Y es que, una de las preguntas que deberíamos hacernos como consumidores debería ser:“esto es sostenible?”

 

Podemos decir que un producto o un sistema es SOSTENIBLE cuando cumple con las necesidades de los consumidores de hoy, teniendo en cuenta las necesidades de las generaciones futuras.

 

Hablemos de ropa. Una premisa importante para que una prenda sea sostenible es que no puede ser tan exageradamente barata. Deberíamos enfatizar ( y no exageramos), que la producción de camisetas que se venden a 3 euros es sinónimo de MUERTE para las personas y VENENO para el planeta. ¿Habéis intentado coser una prenda? ¿Habéis creado el patrón y os habéis desplazado para ir a comprar el textil? ¿Habéis escogido una tela fabricada sin explotar a los tejedores? ¿Habéis escogido una fibra natural que proceda de un cultivo sin pesticidas que dañan y desestabilizan el ecosistema y hacen enfermar a los agricultores? Si os habéis embarcado en la misión de confeccionar una prenda de principio a final, veréis que algo falla en el sistema, alguien está ganando mucho dinero y alguien está perdiéndolo. 

 

No estamos diciendo nada nuevo, la situación nos es familiar y aún así, todos siguen comprando en las grandes marcas de textil, aquellas que puntualmente realizan algún proyecto que bautizan como “responsable”, cuando realmente es una estrategia de lavado de cara. Pues que no nos engañen, porque cuando estas empresas se lavan la cara, empiezan a chorrear tintas tóxicas de sus relucientes prendas de ropa.

 

Desde The Dog and the Whale nos plantamos y decimos bien alto:

No, no nos hace ilusión vender ropa convencional, fabricada de manera salvaje desde un sistema del fast fashion, y sí, prefiero comprar menos pero de más calidad pero que ese dinero permita vivir a los trabajadores y no perjudique al entorno natural.

Y dicho esto, ¿qué opciones tenemos como consumidor?

 

  1. Reducir el consumo y tomar conciencia de tu responsabilidad como consumidor.
  2. Apostar por la compra respetuosa con las personas y el medio ambiente.
  3. Reutilizar, darle una segunda vida a las prendas.
  4. Pensar y compartir la filosofía de la sostenibilidad, hablando de ella con nuestra familia y amigos.
  5. Y… desconfía de los productos fast fashion, prendas a precios muy reducidos cuya vida será muy corta, para que volvamos a consumir.

Author bettina

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