Construcción de la máquina de serigrafía artesanal

En procesos habituales de desarrollo de proyectos, los pasos se estructuran normalmente en base a una planificación previa. Si por ejemplo, queremos hacer una mesa de serigrafía, lo lógico es empezar por el diseño, plantear un presupuesto, comprar el material requerido y finalmente ejecutar el proyecto, dominando todas las técnicas para llevarlo a cabo con, éxito por supuesto. Pero claro, ese es el caso considerado óptimo. También es muy importante disponer de tiempo, conocimientos y dinero. Claro que, como este último no abundaba, tuvimos que recurrir al ingenio y al contenedor de basura: de ahí proviene un 80% del material utilizado en todo nuestro taller. Así pues, nos embarcamos en la construcción de un taller de serigrafía, con una amplia selección de materiales reciclados, que se alargó durante meses.  

Cuando reciclas aumenta la dificultad en la planificación, el proceso ya no es lineal.

La fabricación artesanal es apasionante pero no tiene sus altibajos y hay que volver atrás en varias ocasiones. Para llegar, del diseño original sobre el plano a la realidad, hay un largo listado de modificaciones realizadas sobre la marcha, tanto para mejorar funcionalidades como para suplir la falta de material. Un pequeño caos creativo que nos ha quitado el sueño en más de una ocasión. Muchos momentos en que asoma la sombra de lo imposible. El caos tiene sus cosas buenas.

Los planos están muy bién, jugar al ingeniero es divertido. Ahora bien, cuando te pones a serrar, a ver el volumen, encajar, descubres otras posibilidades que, delante de una pantalla de ordenador, pasan inadvertidas, ya sean mejoras del proceso o errores. La mesa de estampación serigráfica que hemos construido, iba incluir una única pinza para poder sujetar bastidores grandes y la pinza medía casi metro y medio. Cuando la tuvimos acabada, nos dijimos, es muy larga, no? La partimos por la mitad, resultando dos pinzas, con unas modificaciones extras podrían moverse independientemente, pero la verdad en aquel momento no supimos muy bien qué utilidad tendría, aparte de tener dos puestos de estampado. Pues la improvisación fue recompensada y casi por azar, vimos que podríamos estampar camisetas a dos tintas moviendo en vez del bastidor, como en un pulpo, la superficie de estampación. ¿Y cómo registramos ambos bastidores? Añadiendo un tope de registro al tubo donde acoplamos la superficie de estampación. No es una gran invención, pero la elección de caminos no convencionales han acabado optimizando el resultado final. Tanto en funcionalidad como en recuperación de materiales que se dirigían al vertedero, para desintegrarse durante los próximos siglos.

Un buen amigo músico nos recuerda siempre que su época más creativa, transcurrió justo cuando menos medios técnicos tenía a su alcance. La necesidad nos hace tomar caminos interesantes de desarrollo y creación.

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